Investigadores del CEVE proponen metodologías de desarrollo tecnológico que podrían colaborar con las políticas habitacionales rurales.

Los programas estatales de “erradicación de ranchos” y su reemplazo por viviendas nuevas generalmente reproducen patrones urbanos y no toman en cuenta los conocimientos y costumbres de las familias campesinas. Un equipo de investigación del CEVE, CONICET-AVE propone metodologías de desarrollo tecnológico a partir del diálogo de saberes, que podría ser la clave de las políticas orientadas a las mejoras habitacionales rurales.

Las provincias más afectadas por la enfermedad de Chagas han puesto en marcha en las últimas décadas programas de erradicación de ranchos en zonas rurales y periurbanas, que apuntan a mejorar las condiciones de vida de las comunidades, mediante su reemplazo por nuevas viviendas. Estas soluciones generalmente reproducen tipologías urbanas y no consideran los conocimientos, costumbres y usos diversos que las comunidades campesinas hacen de la vivienda, donde lo residencial y lo productivo se encuentran fuertemente ligados.

El Chagas es la principal enfermedad endémica de la Argentina, donde más de un millón y medio de personas están infectadas con el parásito que la origina: el Trypanosoma cruzi. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) esto representa el 20% de la población mundial que la padece.

Históricamente se han asociado las características constructivas de las viviendas campesinas con la anidación y proliferación de la vinchuca, el vector transmisor de esta enfermedad. Quienes estudian el hábitat rural e intentan revalorizar los modos ancestrales de construcción, reconocen que ciertas características de la vivienda campesina están asociadas a este grave problema de salud pública. Sin embargo, numerosas investigaciones demuestran que no se trata de un problema específico del hábitat rural ni de los materiales con los que están construidas las viviendas.

La problemática, plantean, radica en la heterogeneidad y resoluciones inadecuadas de las superficies y terminaciones constructivas, como revoques, encuentros estructurales y cielorrasos, donde puede alojarse la vinchuca, el principal vector de esta enfermedad. En esa línea proponen otras formas de prevenir la proliferación de la vinchuca, como el mantenimiento de las superficies en muros y cielorrasos para evitar la presencia de grietas y hendiduras que puedan alojar al insecto.

Desarrollo tecnológico situado para valorar saberes locales

Desde el grupo de investigación de Estudios socio territoriales del hábitat del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE) buscan revisar las visiones que dominan las intervenciones estatales orientadas a mejorar las condiciones en el ámbito rural.
Noelia Cejas, investigadora adjunta del CEVE señala: “la demolición de los ranchos refleja una desvalorización de esas formas de habitar campesinas. Hay un gesto de desautorización de tecnologías, de materiales, de prácticas que impacta no solo a nivel material sino también subjetivo, que atenta contra esas formas de habitar tradicionales”.

El artículo ‘Desnaturalizando fundamentos coloniales. Revisión de la política pública para el hábitat rural en la región Noroeste de Córdoba, Argentina’, publicado en la Revista AREA de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, el equipo de investigación del CEVE junto a otras investigadoras, cuestionan si ningún aspecto de la producción de la arquitectura vernácula merece considerarse en la resolución de los modelos de vivienda?”

La crítica -según aclaran en su artículo- no representa un cuestionamiento a la responsabilidad del Estado garante del derecho la vivienda digna en su atención a los sectores rurales más vulnerables, sino una oportunidad para construir una mirada más integral de la problemática, tendiente a obtener respuestas situadas y más adecuadas a la realidad local.

La investigación propone un diálogo entre los saberes populares, académicos y técnicos como metodologías de producción del conocimiento y de desarrollo tecnológico.

“El diálogo de saberes implica reconocer que el saber puede corporizarse desde otras subjetividades y cosmovisiones del mundo, que existen diferentes racionalidades también válidas. El conocimiento situado cuestiona la unidireccionalidad del pensamiento universal moderno, por las relaciones de saber-poder que encubre, y propone reconocer las diferentes matrices de racionalidad existentes históricamente, y la posibilidad dialógica entre ellas”, explicó Fernando Vanoli, becario posdoctoral del CEVE.

Experiencias de diseño colectivo

El equipo de investigación viene implementando esta metodología en el diseño y construcción colectiva de espacios rurales en la provincia de Córdoba.
Una de sus experiencias fue desarrollada en el paraje La Patria, en el noroeste de la provincia de Córdoba, con el grupo campesino Agua Viva. También participaron además miembros del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), representantes del Ministerio de Agua, Ambiente y Energía de la provincia de Córdoba y del gobierno de la comuna.

La metodología se planteó en tres premisas: el diálogo de saberes como modo de integrar campos de experiencia y conocimiento diversos; el ejercicio autónomo de las prácticas locales que resulta de la valoración de los saberes populares y su articulación con el saber académico; y, por último, el reconocimiento de las materialidades disponibles en la zona y su relación con el ambiente.

El trabajo a partir de una serie de encuentros posibilitó el desarrollo de tecnologías situadas y aprendizajes progresivos para la comunidad involucrada. El resultado fue el diseño y construcción colectiva de un espacio comunitario para el cual se partió de un diagnóstico participativo donde se priorizaron las necesidades de la comunidad.

Los conocimientos locales en torno al clima del lugar permitieron plasmar un diseño bioclimático y un mejor aprovechamiento de la energía natural para la construcción de un salón destinado a la conservación de productos alimenticios.

Las resoluciones tecnológicas-constructivas para la construcción de la sala se centraron en las técnicas y materiales disponibles en la zona y se integraron los conocimientos de los constructores, los habitantes y los técnicos. Se combinó el uso de materiales locales como cerramientos de adobe con ladrillos cerámicos industrializados, techos con aislación térmica de lana de oveja, un residuo que se encontraba disponible en el entorno, y terminación hidrófuga con chapa.

A partir de este tipo de experiencias concretas, este grupo de investigación y desarrollo intenta reunir evidencia para que este tipo de abordajes contribuya a generar nuevas respuestas adecuadas a las problemáticas locales y redefinir las políticas públicas orientadas a la mejora del hábitat campesino. “Las políticas públicas serían mucho más eficientes para resolver los problemas locales si partieran de recuperar las potencialidades de los territorios en los que se pretende incidir”, remarcan.

Por Lucio Scardino