A contramarcha de la mirada de muchos programas habitacionales estatales que plantean la erradicación las viviendas rurales -comúnmente conocidas como ranchos- como una de las principales estrategias de salud pública para combatir la enfermedad de Chagas, existe un creciente interés por parte de grupos de investigación y profesionales en el estudio de las técnicas constructivas y materiales tradicionales propios del hábitat rural, como un modo de recuperar, revalorizar y promover la arquitectura tradicional vernácula.

En este sentido, diversas redes nacionales e internacionales de cooperación técnica y científica reúnen a profesionales, investigadores y técnicos de distintas especialidades y formaciones que promueven la investigación y la cooperación técnica y científica para el desarrollo de la arquitectura y la construcción con tierra.
El objetivo que los aglutina apunta a reducir los prejuicios que existen sobre las edificaciones con tierra y desarrollar técnicas que contribuyan a evitar su reemplazo y, con ello, la erradicación de saberes ancestrales que se fueron transmitiendo, pero a la vez perdiendo, de generación en generación.

María Rosa Mandrini, investigadora asistente del Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE, CONICET-AVE) comenta que en nuestro país los avances tecnológicos más relevantes en el campo de la arquitectura con tierra se concentran en dos aspectos: “El primero tiene que ver con la vulnerabilidad sísmica, para lo cual se han logrado diseños estructurales adaptados a las distintas zonas sísmicas, para asegurar un adecuado comportamiento ante este tipo de eventos. El segundo apunta a la relación entre la tierra y la enfermedad de Chagas, en donde los avances en materia de revoques resistentes y terminaciones apropiadas a las zonas bioclimáticas del país, procuran lograr superficies homogéneas que repelen el hospedaje de la vinchuca.”

En los últimos años se han publicado numerosos artículos científicos, se realizan eventos anuales a nivel internacional como el Seminario Iberoamericano de Arquitectura y Construcción con Tierra, en donde se comparten resultados de investigaciones y desarrollos sobre la arquitectura y construcción con tierra.

También existen redes internacionales, como la Red Iberoamericana de Arquitectura y Construcción con Tierra, y nacionales como la Red Protierra Argentina, que promueven el desarrollo responsable con estas técnicas constructivas.

Entre las estrategias que se plantean desde el campo científico para contribuir al diseño e implementación de políticas públicas que contemplen los conocimientos vernáculos y los nuevos avances en arquitectura con tierra, la colaboración técnica directa es una capacidad que ofrecen y brindan para plantear pautas constructivas que procuran garantizar construcciones seguras.

Mandrini forma parte de la Comisión Normativa de la Red Protierra Argentina, desde la cual han elaborado un cuerpo normativo y un anexo técnico, que pueda ser utilizado -con las adaptaciones necesarias en cada caso- como base para proyectos de ordenanza en municipios y comunas de todo el país.

“En la actualidad nos encontramos trabajando en la elaboración del Proyecto de Reglamento Argentino de Construcción con Tierra, esta estrategia, que llevará algunos años más, tiene la finalidad de constituirse en un único documento de uso nacional, aunando esfuerzos y evitando que cada municipio tenga que presentar su propia ordenanza”, agrega.

La especialista en normativas para el hábitat sustentable destaca el papel de la comunicación pública de la ciencia: “Cuanto más se conozca de las adecuadas prestaciones de este material y las múltiples posibilidades de aplicación en diversos contextos, más se va a contribuir a finalizar con los prejuicios creados y, en consecuencia, el tema podrá ser tomado con la responsabilidad que merece”.

Por Lucio Scardino