En Argentina, la industria mobiliaria genera y desecha, sin una regulación específica para su tratamiento, grandes cantidades de aserrín proveniente de tableros aglomerados que, por sus compuestos químicos, se convierte en un residuo potencialmente contaminante.
Se trata de un residuo que no es biodegradable, por lo que no puede recibir el mismo tratamiento que el aserrín tradicional proveniente de madera maciza, que en algunos casos se incorpora a cadenas de compostaje u otros usos sin mayores riesgos ambientales.
“Uno de los componentes del aserrín de los tableros aglomerados es la resina urea–formaldehído. En contacto con el agua y la humedad ambiente, esa resina se descompone liberando formaldehído, un compuesto químico considerado cancerígeno”, explica Jerónimo Kreiker, investigador del CONICET en el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE).
Este compuesto se encuentra en el listado de sustancias y agentes cancerígenos, según una resolución de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (N° 81/19). Por esta razón, es difícil de gestionar y representa una oportunidad de innovación para quienes estudian la transformación de residuos en insumos y materiales.
Una posible solución es su aprovechamiento como material para la industria de la construcción. Una reciente investigación estudió su incorporación en matrices cerámicas y en bloques de tierra comprimida (BTC), para su aplicación en la fabricación de ladrillos.
El trabajo, fue parte de una tesis de Maestría en Diseño de Procesos Innovativos de la Universidad Católica de Córdoba, y tuvo su etapa experimental en el CEVE con el acompañamiento del Área de Nuevos Materiales.
“La investigación combinó recursos renovables de baja energía incorporada, como la tierra y la arcilla, con la reutilización de residuos provenientes de la fabricación de muebles con tableros de densidad para promover la economía circular mediante el reaprovechamiento de los desechos de este tipo de industrias”, cuenta Guadalupe Jauregui, quien llevó adelante este trabajo.
El estudio concluyó que este residuo podría alcanzar resistencias aceptables, según lo marca las reglas CIRSOC para un uso como bloques de cerramientos y divisiones no portantes. Este resultado aporta conocimiento sobre el comportamiento técnico de los mampuestos ante el agregado de residuos industriales y aporta un enfoque integral en torno a la economía circular basado en las exigencias normativas y el desempeño de los residuos.
Aserrín en ladrillos y bloques
El trabajó comenzó con la caracterización del descarte generado por la industria del mueble que utilizan tableros aglomerados de MDF (del inglés de Medium Density Fibreboard) en la Ciudad de Córdoba, identificaron dos tipos de residuos: los fragmentos y polvo.
También conocido como DM o fibrofácil, el MDF es un producto procesado compuesto por madera reconstituida a partir de fibras o partículas de virutas y aserrines, agua y aglutinantes.
Este material es utilizado a nivel mundial para la fabricación de muebles de interior por su terminación plana y la capacidad para mantener la forma y las dimensiones frente a variaciones de humedad y temperatura.
“Entendemos que este polvo de residuo industrial presenta un alto potencial para ser reutilizado en la creación de materiales nuevos. Su incorporación al material base no solo disminuye la necesidad de extraer nuevos recursos, sino que también contribuye a la reducción del impacto ambiental asociado al manejo de residuos”, comenta Jauregui.
Su investigación definió en etapa experimental, la granulometría del residuo y la composición porcentual del material lignocelulósico, la resina y las melaminas. Una vez recabada esta información se incorporó aserrín a matrices de cerámica donde predomina la arcilla cocida y a matrices de BTC para evaluar propiedades físicas y mecánicas del material resultante.
“Con base en los resultados de esta investigación, ambas matrices podrían incorporar entre un 10 y un 20 % de residuo de aserrín sin alterar significativamente las propiedades del material y manteniendo niveles de resistencia aceptables”, asegura el investigador.
El equipo de trabajo señala que este hallazgo evidencia la posibilidad de aprovechamiento del residuo y recomienda realizar futuras pruebas para optimizar el proceso de producción del nuevo material, explorar nuevas aplicaciones y evaluar su viabilidad en diferentes contextos.
Además, sugieren que es fundamental la colaboración entre fabricantes, diseñadores, consumidores y otros actores de la industria del MDF para avanzar en la implementación de este tipo de desarrollos y fortalecer la economía circular en el sector.
Lo experimental en la formación académica
El trabajo experimental es una característica que distingue el tipo de ciencia que se produce en el CEVE. Para esto la entidad cuenta con laboratorios, un taller en el cual se realizan pruebas con equipamiento especializado y equipos de investigación preparados para buscar evidencias en estos procesos.
En esta investigación, el CEVE aportó en tres aspectos fundamentales para generar conocimientos sólidos para el uso de este residuo en la industria de la construcción: facilitó infraestructura e instrumental necesario para realizar ensayos y mediciones; puso a disposición metodologías de trabajo orientadas a la caracterización del residuo; y aportó un marco conceptual para el desarrollo de nuevos materiales, desde la caracterización inicial hasta su posible uso y proyección hacia modelos productivos.
Los investigadores Jerónimo Kreiker y Lucas Peisino, junto a profesionales y becarias del Área de Nuevos Materiales, dieron acompañamiento al trabajo de investigación desarrollado por Jauregui.
“Entendemos la investigación como un proceso de validaciones sucesivas, que va desde la caracterización inicial hasta la posibilidad de transferencia tecnológica y aplicación productiva”, concluye Kreiker quién actualmente es el vicedirector del CEVE.