Miramar de Ansenuza es una localidad turística del noreste de la provincia de Córdoba ubicada en la costa de la laguna Mar Chiquita, el mayor lago de agua salada de Sudamérica.
La localidad, que tiene cerca de 2700 habitantes, depende principalmente de la energía eléctrica para calefaccionar y acondicionar sus edificaciones, ya que carece de suministro de gas natural por red.
Para promover el ahorro energético, el área de Diseño bioclimático del CEVE implementó una transferencia tecnológica para impulsar mejoras edilicias y contribuir a una mayor eficiencia en el uso de la energía.
Se trata del proyecto “Ahorro y eficiencia energética en el sector turístico. Soluciones técnicas, arquitectónicas y urbanas sustentables”, financiado por el Consejo Federal de Ciencia y Tecnología (COFECYT), a través de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Provincia de Córdoba, y por la Municipalidad de Miramar de Ansenuza. La iniciativa tuvo como objetivo mejorar las prestaciones térmicas y energéticas de edificaciones con fines turísticos.
“Las prestaciones térmico-energéticas determinan la capacidad que tiene cualquier edificación para conservar una temperatura ideal, consumiendo la menor cantidad de recursos posible. Es decir, no se trata de cuánta tecnología se puede agregar para enfriar o calentar un espacio, sino de qué tan eficiente es la construcción desde su propio diseño para evitar una mayor demanda de energía”, explicó Lautaro Oga, becario postdoctoral en el CEVE.
La transferencia tecnológica buscó mejorar la infraestructura hotelera mediante la implementación de estrategias de diseño bioclimático, y así contribuir a sentar bases para promover una transformación de la oferta turística en esta localidad, desde una perspectiva sustentable.
Mejoras edilicias en casos testigo
La experiencia evaluó el impacto que tuvieron mejoras constructivas orientadas a lograr una mayor eficiencia energética en construcciones de uso turístico. Para esto se seleccionaron cuatro casos testigo: una cabaña, una habitación de hotel, un departamento de alquiler y un salón de usos múltiples municipal.
La selección tuvo en cuenta diferentes factores como la heterogeneidad de los sistemas constructivos, su ubicación, orientación y entorno. A través de datos satelitales identificaron el arbolado urbano lo que permitió determinar áreas de mayor exposición solar para la selección de los casos. También que estuvieran representados los distintos tipos de hospedaje existentes en la localidad.
Una vez seleccionadas las edificaciones se realizaron mediciones en sus interiores durante un año, que se contrastaron con las temperaturas exteriores provistas por la estación meteorológica local.
Posteriormente, a partir de los datos recogidos, se proyectaron mejoras para cada caso que luego se ejecutaron de manera conjunta entre el equipo de investigación del CEVE, profesionales y técnicos del municipio.
La experiencia también permitió al municipio incorporar nuevas herramientas para analizar y abordar la eficiencia energética en sus edificaciones.
“La metodología empleada se sintetizó en tres etapas. En primer lugar, se relevó cada caso testigo con las mediciones higrotérmicas y fotografías termográficas. Luego, mediante el software de etiquetado, se modeló y evaluó cada caso, y se propusieron mejoras térmico-energéticas basadas en sus condiciones reales de uso. Al final, se proyectó un plan de obras y se ejecutaron las mejoras”, señaló Halimi Sulaiman responsable del proyecto e investigadora de CEVE.
Etiquetado Energético en edificaciones
El proyecto utilizó criterios del Etiquetado Energético de Viviendas (EEV) para modelar condiciones reales que permitió determinar características técnicas y prestaciones energéticas.
El etiquetado edilicio es un sistema que califica la eficiencia energética de una construcción según cuánta energía necesita -expresada en kWh/m² año- para mantener una temperatura confortable. Utiliza una escala de letras de la A (más eficiente) a la G (menos eficiente), de forma similar a la etiqueta de los electrodomésticos.
La herramienta permite estimar el Índice de Prestaciones Energéticas (IPE), un indicador que calcula el consumo teórico de energía por metro cuadrado al año que demanda la normal utilización de un inmueble para su calefacción en invierno, refrigeración en verano, producción de agua caliente sanitaria e iluminación.
Con base en los resultados obtenidos se propusieron diversas mejoras en los diferentes casos. Pero, por falta de fondos, sólo pudieron ejecutar las mejoras en dos de ellos: la cabaña y el salón municipal.
Las mejoras constructivas consistieron en aislaciones térmicas en techos, reemplazo de aberturas de vidrio simple por doble vidrio y soluciones para infiltraciones colocando burletes en ventanas y puertas. Posteriormente se contrastaron los datos de los comportamientos térmicos antes y después de las mismas.
En la cabaña por ejemplo, el modelado y simulación con el software del etiquetado arrojó un IPE de 223 kWh/m2 año y, después de la propuesta de mejoras, se logró reducir ese valor a 93 kWh/m2, es decir, casi un 60 % menos de demanda energética, independientemente de la fuente de energía.
En el salón municipal, el resultado del etiquetado aplicado sin mejoras ni modificaciones, pasó de 499 kWh/m² año a 169 kWh/m² año, es decir, 66% menos.
Nahuel Correa, propietario de un complejo de cabañas, participó en el proyecto y destacó los resultados de las mejoras edilicias en el ahorro energético. “La verdad que la reducción en el consumo se notó bastante después de las mejoras”, comentó.
“Miramar trabaja principalmente en época de verano -medianamente 80 a 90 días continuos-, entonces lo que significa la inversión inicial en relación con el ahorro que se puede generar en una temporada es muy redituable”, explicó Correa.
Sensibilizar a la comunidad y a los actores locales
Junto con los análisis de comportamiento térmico y de las propuestas de mejoras para optimizar la eficiencia energética de las edificaciones, el equipo del proyecto también buscó promover buenas prácticas en el uso eficiente de recursos y ahorro energético.
Para ello, dictaron talleres participativos dirigidos a profesionales y técnicos del municipio, a la comunidad hotelera local nucleada en la Cámara de Comercio y Turismo y a la comunidad en general.
La capacitación al equipo de gestión del municipio en estrategias bioclimáticas y uso de la herramienta de etiquetado energético, buscó fortalecer sus capacidades en este campo.
“Los talleres sobre diseño eficiente y sustentable permitieron dotar al equipo local de capacidades para abordar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el planeamiento urbano-arquitectónico futuro y en la reglamentación de condiciones mínimas para la aprobación de nuevos proyectos”, comentó Sulaiman.
Además, se asesoró y alentó al sector hotelero a aplicar el Ecoetiquetado Hoteles más Verdes, un protocolo creado por la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina.
La investigadora también destacó la necesidad de concientizar a los turistas en el uso responsable de los recursos y la energía, sobre todo en lugares como Miramar de Ansenuza donde la electricidad es el único medio, tanto para calefaccionar, como para refrigerar.
Para conocer más sobre esta experiencia es posible consultar los siguientes artículos:
- Ahorro y eficiencia energética en el sector turístico. Soluciones técnicas, arquitectónicas y urbanas sustentables para Miramar de Ansenuza. Halimi Sulaiman, Lautaro Oga Martinez.
- Etiquetado energético, termografía y mediciones de una cabaña turística de Miramar de Ansenuza, Córdoba. Construcción de mejoras. Lautaro Oga Martínez, Halimi Cristina Sulaiman, María Paz Sánchez Amono.