Por Fernando Colautti para La Voz del Interior
La empresa de Laboulaye es pionera en bolsas biodegradables y crece en proyectos de economía circular. Suma inversiones, empleo y proyectos para reutilizar residuos.
Hace 40 años, en una ciudad del extremo sur de Córdoba, nacía una pequeña fábrica familiar de bolsas plásticas para supermercados y comercios. Con el tiempo, supo reciclarse. Tanto que está a punto de transformarse en una de las principales plantas de generación de productos de la economía circular en Córdoba.
La firma se llama Papeleno, de la familia Nicolino, con sede en Laboulaye. Desde allí, tiene una historia para mostrar y contar.
La venta de bolsas plásticas crecía cuando en 2012, luego de varios ensayos a prueba y error, pusieron en marcha la producción de una alternativa más ecoamigable: las bolsas biodegradables. Aquel origen estuvo más vinculado a la curiosidad por lo nuevo que a la visión del negocio.
Por entonces, había un solo productor que intentaba esa aventura en el país. El mercado no existía, el costo era muy superior al de las plásticas, requería de insumos importados y la conciencia ambiental aún no penetraba en el marketing comercial.
Las bolsas biodegradables nada tienen que ver con las publicitadas como oxibiodegradables, que son un engaño: están hechas igualmente de plásticos sobre la base de petróleo, pero se despedazan más rápido que las tradicionales.
Daniel y Federico Nicolino, padre e hijo, y socios en Papeleno, insistieron: a pesar de que importar no fue –ni es– nada sencillo, trajeron y traen fécula de maíz del exterior desde 2012 como insumo básico para poder producir bolsas que son tan biodegradables que se pueden compostar. En menos de 200 días, son abono para la tierra.
Con paciencia, la escala de ventas fue haciendo posible que bajaran los costos. Y la necesidad de grandes empresas de ajustar sus criterios y su marketing hacia lo ambientalmente sustentable hicieron el resto.
“Actualmente, somos proveedores de bolsas no plásticas para muchas empresas y negocios en todo el país; entre ellas, grandes cadenas como Grido, Mc Donalds, Aluar, Granix y Starbuck, por citar sólo a algunas”, cita Daniel Nicolino, el padre de la criatura.
“En tres o en cuatro años explotó ese mercado. Hasta nosotros nos sorprendemos. Hoy, más del 40% de las bolsas que vendemos son biodegradables. Y ese porcentaje aumenta cada año”, agrega Federico, hijo de Daniel.
Caños con bidones en desuso
Papeleno agrandó su planta en el parque industrial de Laboulaye y, además, montó otra en Chile. Y se afirmó en la idea de la economía circular: el mundo del reciclado los tentó.
Sumaron entonces una planta para recibir, tratar y procesar para su reutilización los bidones plásticos de agroquímicos, que de a miles descarta la actividad agrícola. Cuentan con el primer centro de acopio de Córdoba, avalado por la ONG nacional Campo Limpio, que integran firmas productoras de fitosanitarios.
“Vamos a procesar unos 45 mil bidones por mes, llegados de varias provincias. Ya no serán un desecho de riesgo, sino que tendrán nuevo uso”, marca Federico a La Voz.
Tras una limpieza para alejar rastros de químicos, se trituran y se destinan pronto a producir nuevos caños plásticos de cloacas. “Por su origen, deben ser productos que queden enterrados. Por eso son para cloacas. Todas las maquinarias para ese tratamiento nos llegaron recientemente desde China y las estamos instalando ahora”, apunta Nicolino hijo.
La planta ya procesa, además, los plásticos de las silobolsas que se desechan y con los que hacen bolsas tipo consorcio.
También proyectan fabricar con otros residuos plásticos lo que denominan “madera plástica”, por ejemplo, para postes.
Y adoquines con residuos reciclados
La última novedad del camino de Papeleno es que ya empezó a acumular residuos de envases plásticos y de vidrios, para un proyecto a punto de ponerse en marcha. “Fabricaremos tres modelos de adoquines y de ladrillos de bloque, usando cemento, áridos y vidrio, o bien plásticos triturados, producto del reciclado”, cuenta el empresario.